lunes, 25 de junio de 2012

                   CUENTOS AZULES DE ÁUREA MOVILLA Y ANA VARA



LA SARDINA AZUL

De repente abrió los ojos y se los frotó; no entendía lo que estaba pasando. Allí, dentro de un bote oxidado lleno de agua de mar, estaba ella, la Sardina Azul. ¿Cómo había ido a parar a semejante sitio, pequeño, sucio y feo?
Pensando con relativa calma, mientras soportaba la mirada fija de unos ojos negros del humano que sostenía el bote, llegó a una explicación: Ella, incansable viajera proveniente del Planeta Azul de otra galaxia, se había desmaterializado para luego volverse a materializar y aparecer en los mares Cántabros del Planeta Tierra de la Vía Láctea. Su curiosidad sin limites le jugó una mala pasada: el mar embravecido se había enturbiado con restos de algas, arenas y cadáveres de animales, tornándose de un color blancuzco, casi opaco, que había impedido la visión al banco de sardinas en el cual viajaba, facilitando así su captura por unos pescadores que faenaban. Todas se resignaron, a la fuerza, a caer en manos de una muerte segura; todas excepto ella, que con su color azul fosforescente, comenzó a brilar para llamar la atención de los capturadores y así poder salvar su vida; la Sardina Azul debía regresar a su planeta de origen para poder continuar con sus investigaciones; su hora no había llegado aún. El método dio resultado y uno de los pescadores se fijó en ella y, por su rareza, decidió salvarle la vida conservándola en aquel recipiente que había encontrado a mano. Así fueron transcurriendo los días, en un espacio tan reducido, con un agua nada azul y en una soledad absoluta, que fueron minando el talante de la pobre sardina haciéndola languidecer a pasos de gigante. Por fortuna, Pedro el pescador, que así se llamaba, notó el cambio de la Sardina azul y se compadeció de ella: la buscó un compañero e instaló a ambos en una piscinita digna y limpia. El Sardino se encontró muy a gusto desde el primer momento con la sardina Azul y ella fue recuperando la salud poco a poco. Pero, había un pero, ella debía regresar a sus orígenes azules de aguas azules y pensamientos azules. Tenía que sentir en azul y allí en aquel habitáculo era completamente imposible. No podía más, y una noche, mientras el Sardino descansaba de tanto comer, ella pensó en azul, con la mente azul, y, aunque con gran esfuerzo, se pudo desmaterializar para localizarse, una vez materializada de nuevo, en su planeta, en un mar azul intenso y bello que emitía resplandores singulares. Allí estaba su casa. Y para otra ocasión, ella, la Sardina Azul, ya se pensaría muy bien cómo hacer sus experimentos para no jugarse la vida.
Como conclusión del cuento, hemos de decir que la reprimenda de sus padres fue completamente azul y las voces fueron oídas desde la casa de Pedro, que tan bien había tratado a la sardina, y aún lloraba su pérdida. El Sardino, que tenía una mente parda, enseguida se consoló de la pérdida de su compañera; mientras tuviera qué comer no necesitaba más.

















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