jueves, 19 de septiembre de 2013

CUENTOS DE ANITA LUNARES

EL DENTISTA

Al Rúben (o sea Rubén) le llevaron al odontólogo para ponerle rectos los dientes ( o sea una ortodoncia).
El Rúben ( o sea Rubén) iba acompañado de su madre que era la que iba a pagar el arreglo.
El ortodoncista ( o sea el dentista u odontólogo que pone rectos los dientes) se guardó muy mucho de dar el presupuesto total a la madre antes de comenzar la faena del arreglo en la boca del chico. Por eso la señora aceptó a ciegas  sin saber en donde se metía y además contenta por lo bien que iba a quedar su hijo; que ya de por sí era guapo: rubio de rizados cabellos trigueños y con ojos azulitos.
Al cabo de cuatro años, el Rúben  había mejorado mucho su imagen con la derechura de sus piños y a la Rebe ( su novia) la tenía abducida con los mordisquitos que le suminstraba en su blanco y liso cuello.
En ese mismo plazo de tiempo la madre del Rúben, que era viuda y con escasos recursos económicos, se había tenido que poner a limpiar comunidades y a acompañar a ancianos en sus ratos libres.
El Rúben, que era un chulo y un vago, jamás agradeció el gran sacrificio de su madre.

El Rúben ni siquiera tuvo el detalle de meter un tiro en la sien al ortodoncista ( o sea, el dentista u odontógo que pone rectos los dientes torcidos).

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