jueves, 5 de septiembre de 2013

CUENTOS DE ANITA LUNARES

LA LEONA DE LA METRO

Cuando llamé con el móvil a Juana para comunicarle que ya tenía su entrada para el teatro, lo primero que oí, a modo de saludo, fue un rugido espantoso y penetrante, de león rabioso, anunciando que no eran horas...Me retiré de la oreja el aparato por miedo a perder mis facultades auditivas, asustada y molesta por el exabrupto, y me limité a balbucear: "Que ya tengo tu entrada, perdona, no te interrumpo más" y corté la comunicación con el dolor metido en mis venas.
La susodicha lleva, su ya larga vida, rugiendo con tanta frecuencia que me planteo preparar, cuando venga a mi casa a pasar unos días, un lecho de paja con barreño de agua y un buen montón de carne cruda para que le hinque el diente y así deje de morder a las personas. De paso me ahorro el cambiar sábanas y toallas.

La Juana es muy aficionada al cine desde su infancia. ¿No será que está frustrada por no poder haber salido en la gran pantalla rugiendo como el León de la Metro? Esta hipótesis me trae de cabeza hace un tiempo, hasta el punto de dar la importancia que corresponde a los traumas de la niñez. No sé yo...


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