lunes, 14 de octubre de 2013

CUENTOS DE ANITA LUNARES

EL OLOR

Todos los días, cuando se levanta, Remigia ventila la casa. Abre las ventanas que dan al norte, al sur, y al noroeste para que entre aire puro que se lleve el olorcillo penetrante que reina en la vivienda. Al cabo de media hora, Remigia cierra las ventanas que dan al norte, al sur y al noroeste. El olor persiste y Remigia abre de nuevo, esta vez una hora, las ventanas que dan al norte. Cuando cierra, el olor sigue impregnádolo todo y Remigia retuerce la nariz con un gesto de asco. Insiste, esta vez abre las del noroeste durante un cuarto de hora; nada. Y al final, como todos los días, abre las ventanas del sur; esta vez durante tres horas horas, de nuevo infructuosamente.
En total, Remigia ha invertido en la ventilación del hogar 4h 45min. Como se ha levantado a las 8h 15min, quiere decir que la mañana ya anda por las 13,00h. Es decir ya es la tarde.
Sale corriendo a la compra para ella y su marido, que no sabe donde se ha metido. Vuelve sofocada y prepara la comida para ella y para su marido, que sigue sin aparecer. Cuando son las 14,30h el almuerzo está sobre la mesa y Remigia espera impaciente la llegada del esposo. A las 16,00h, Remigia, aburrida de esperar, come sola; es decir, no: come en compañía de un olor malísimo que cada día se acentúa más.
Estas escenas se llevan repitiendo desde hace tres meses. Y es que Remigia ha perdido la memoria y no recuerda que hace tres meses, por la tarde, asestó un machetazo en la cabeza al insoportable del marido dejándolo en el sitio (no recuerda en qué sitio, aunque el sitio está situado dentro del piso y por eso hay tan mal olor).

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