martes, 3 de diciembre de 2013

CUENTOS DE ANITA LUNARES

LA BEATA

A fuerza de codazos y empujones, la señorita Adelina consigue el primer puesto de la fila que espera fervorosamente recibir a Nuestro Señor de manos del sacerdote. Y es que la señorita Adelina es de comunión diaria.
Con motivo de las bodas de plata de la labor parroquial de la señorita Adelina, el párroco organiza una fiesta homenaje a la que acuden todos los feligreses. Y es que Adelina hace y deshace en la iglesia como si fuese de su exclusiva propiedad: Lava y almidona los manteles de los altares; dirige el coro; lee la epístola; dirige el rezo del santo rosario; organiza al señor cura las novenas del año; da permiso para poner flores y las quita cuando cree conveniente; abre y cierra las puertas; enciende la calefacción poco para no gastar aunque los fieles se queden pelados de frío en pleno invierno; pasa el cepillo de las limosnas que luego "limpia meticulosamente". Mientras, el señor cura se dedica a sus cosas; las que sean, y por eso está muy agradecido con el trabajo de su colaboradora.
Al finalizar el ágape, cuando todos se han retirado, la señorita Adelina recoge los dulces de las monjas, los bollitos suizos rellenos de salchichón y las botellas de vinito dulce que han sobrado y lo introduce todo cuidadosamente en una gran bolsa que ha llevado de su casa con ese propósito. Luego barre y friega el local parroquial para que al día siguiente el señor cura lo encuentre todo limpio.
Muchas noches, Adelina se despierta sobresaltada porque unas manos como garras atenazan su cuello mientras un tridente pincha su cuerpo, muchas lenguas de fuego danzan a su alrededor, y una voz infrahumana grita en su oído obscenidades mientras la llama beata falsa y poco caritativa y le promete un infierno eterno. Adelina reza, vuelve a conciliar el sueño con el cuello empapado en sudor frío, y al día siguiente se dirige a la iglesia para pedirle al señor cura confesión. Así se queda en paz porque el Ministro de Dios  la consuela  diciendo que el Señor siempre pone a prueba a sus Santos. Y luego la absuelve tras ordenarle el rezo de tres padrenuestros y tres avemarías.

La noche del ágape la señorita Adelina tiene el mismo sueño pero lo atribuye a la copita de más que se ha tomado...

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